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viernes, 10 de junio de 2011

Siete principios para derribar fortalezas demoníacas

iba por la avenida circunvalar. Autos a lado y lado, raudos, afanados algunos por llegar a sus puestos de trabajo, otros por retraso en una cita médica o quizá, porque simplemente se dejaban arrastrar por los afanes de la ciudad, fría y gris, como un pensamiento triste.

El carro comenzó a ronronear, perezoso, como un niño que se niega a irse a dormir pese a que es avanzada la noche. “Dios, que no se vaya a averiar, por favor”, murmuró Esteban, apretando las manos sobre el timón, como si pudiera darle un empujoncito a la carrocería. De nada sirvió. La camioneta se detuvo en plena vía y tardó diez minutos antes que se pudiera bajar a tratar de verificar la falla. No pudo hacerlo, ni siquiera el mecánico, que sudaba petróleo procurando echar a andar el motor.

Dos días después se averió la grifería, sin aparente explicación. El plomero miró el empaque plástico, meneó la cabeza a lado y lado y sólo se atrevió a musitar: “Es extraño, porque todo parece estar bien.”

Estos fueron sólo dos de los múltiples incidentes en los que se vio contrariado. Ventanas que se rompieron sin siquiera una corriente de aire corriendo por la urbanización o comidas que sorpresivamente aparecían avinagradas.

La economía se fue en picada y las enfermedades comenzaron a abundar, trayendo desesperanza en la familia.

“Párate en la brecha y pelea la batalla contra Satanás, que quizá quiere arruinarte la vida”, le dijo un amigo cristiano.

--Pero si yo ni siquiera me meto con él, ¿por qué habría de formarme problemas?—replicó.

--Porque el diablo es así; aunque lo ignores, él tratará de hacerte la vida imposible--, le dijo el creyente, y Biblia en mano, leyó una serie de versículos que explicaban el por qué el mundo de las tinieblas atraviesa obstáculos en el camino de las personas, trayendo desánimo, ruina, crisis económicas, familiares o a nivel laboral.

¿Hay salida? Por supuesto que si. No estoy diciendo que todos los problemas que enfrentamos diariamente tengan un trasfondo satánico, pero sí advirtiendo sobre un hecho: el mundo de maldad en los aires trae dificultades y es necesario asumir una posición ofensiva, en oración y ejerciendo la autoridad en Cristo, para retomar el control.

Hay siete principios que comparto con usted y que voy a ilustrar a partir del texto que hallamos en 1 Samuel capítulo 7, en donde describe el ataque físico y espiritual de que fuera blanco el pueblo de Israel por parte de los filisteos.

1. Sometimiento a Dios: paso a la victoria…

Como cristianos, libramos batallas constantemente contra el mundo de maldad. La razón de que no podamos ser más eficaces, estriba en compartir la gloria de Dios—que sólo le corresponde a Él—con la mundanalidad, a la que abrimos las puertas y permitimos que anide en nuestro corazón. Termina convirtiéndose en una fortaleza que gobierna la mente y acciones en todos los ámbitos en que nos desenvolvemos: el físico y el espiritual.

Una vez evaluamos nuestra vida y descubrimos que hay hábitos, inclinaciones, pensamientos e incluso, comportamientos que levantan un muro en nuestra relación con el Señor, es necesario proceder a derribarlos. Implica dos elementos esenciales: compromiso y acción. Sólo así damos pasos firmes hacia la victoria espiritual.

Una ilustración de los principios que veremos hoy, la hallamos en momentos en que Israel procuraba alcanzar solidez en su territorio, en materia económica, gubernativa y militar. Los fracasos obedecían a su actitud idólatra. Frente a esta, el profeta Samuel fue contundente al instruirles sobre la imperiosa necesidad de quitar de en medio, en sus vidas y hogar, todo aquello que robara el primer lugar a Dios:

“Veinte años pasaron desde el día en que se depositó el arca en Quiriat-jearim, y todo Israel buscaba con ansia al Señor. Por esto, Samuel dijo a todos los israelitas: “Si os volvéis de todo corazón al Señor, debéis echar fuera los dioses extranjeros y las representaciones de Astarté, y debéis dedicar vuestras vidas al Señor, rindiéndole culto solamente a él. Entonces él os librará del dominio de los filisteos.”(1 Samuel 7:2, 3, versión Dios habla hoy)

Un joven a quien aconsejé en el proceso para salir de la drogadicción, insistía en que comenzaba bien el programa, pero terminaba cayendo en lo mismo. “La única salida—le dije—es que deje de frecuentes las amistades que le coaccionan a consumir marihuana y cocaína.” Lo pensó mucho. Incluso, dejó de llamar por algún tiempo. Finalmente, un viernes y justo cuando salía de la oficina, me dijo que había comprendido la necesidad de cortar todo nexo con las drogas, y que dejaría de frecuentar a los compañeros de pandilla. Renuncia. Un término que encierra disposición de corazón.

2. No permita la idolatría en su vida

No basta con reconocer que debemos acabar con todo lo que nos perjudica, es imperioso y esencial que nos deshagamos de todo cuanto nos contamina. Es una decisión que solamente puede tomar cada uno; nadie nos obliga. Se fundamenta en la convicción, no en que recibamos presiones externas.

El pueblo de Israel, tras reconocer que su estancamiento y reveses de carácter espiritual y material obedecían a su distanciamiento de Dios, dispuso echar fuera todo vestigio de idolatría: “Los israelitas echaron fuera las diferentes representaciones de Baal y de Astarté, y rindieron culto únicamente al Señor. Después Samuel ordenó: “Reunid a todo Israel en Mispá, y yo rogaré por vosotros al Señor.”(1 Samuel 7:4, 5, versión Dios habla hoy)

Es probable que enfrente problemas al interior del hogar, en el trabajo, los estudios, la iglesia o donde quiera que se desenvuelva socialmente. Si está alejado de Dios, quien está tomando ventaja es nuestro adversario espiritual, Satanás, y es menester ponerle freno, de lo contrario seguirá ganando terreno.

Piense por un instante que está cruzando un puente. Ha avanzado hasta la mitad de la estructura participando en toda suerte de prácticas mundanas. ¡Está a tiempo para volver atrás! No continúe adelante porque será la perdición y entrará en la frontera del enemigo espiritual, que no desaprovecha oportunidad.

3. Principio de victoria: compromiso con Dios

Romper todo nexo con la mundanalidad, lo que lleva a que Satanás pierda “derecho” sobre las personas, implica asumir un compromiso decidido y consistente con Dios. Es echar afuera todo lo malo, como cuando usted está a las puertas de un trasteo a una casa nueva. Sin duda, bota todo lo que no sirve. Eso mismo es el pecado en nuestras vidas, es imperioso que rompamos con todo lo que nos ata.

El texto bíblico señala que: “Los israelitas se reunieron en Mispá, y sacaron agua y la derramaron como ofrenda al Señor. Aquel día ayunaron y reconocieron públicamente que habían pecado contra el Señor. Allí, en Mispá, Samuel se convirtió en caudillo de los israelitas.”(1 Samuel 7:6)

Hasta tanto reconozcamos el pecado, no tendremos victoria. Y recuérdelo: Satanás y su intrincada red de demonios que le asisten en el mundo de las tinieblas, sí sabe cómo está su vida espiritual; si tiene conciencia o no de su autoridad en Cristo, si la ejerce y, por supuesto, si tiene tal autoridad o la perdió por abrirle las puertas a la mundanalidad.

4. No se descuide ante los ataques del enemigo

“Usted está ensañado con el diablo.”, me escribió una profesional desde España. La verdad es que sí. Si entendemos que Él anda tras nosotros buscando a quién devorar, es imperativo que lo mantengamos a raya, resistiéndolo, como recomienda el apóstol Santiago. Si lo hacemos, el adversario tiene que irse en retirada (Cf. Santiago 4:7) Si Satanás y su ejército son nuestros enemigos, ¿por qué debemos tener compasión o concesiones con él? Por el contrario, hay que resistirle en el poder de Jesús.

Como sabemos que siempre él procura destruirnos (Cf. Juan 10:10 a), debemos mantenernos alerta frente a sus asechanzas. El enemigo, operando a través de los filisteos, procuró poner tropiezo a los israelitas en momentos en que ellos estaban buscando a Dios: “Y cuando los filisteos supieron que los israelitas estaban reunidos en Mispá, los jefes filisteos marcharon contra ellos. Los israelitas, al saberlo, tuvieron miedo y dijeron a Samuel: “No dejes de rogar al Señor nuestro Dios por nosotros, para que nos salve del poder de los filisteos.”(1 Samuel 7:7, 8 versión Dios habla hoy)

Pregúntese por qué justo cuando anda en el temor reverente a Dios, se levantan tempestades. La respuesta es sencilla: “El Adversario pone tropiezos en su camino para asegurar que vuelva atrás, que desista de su propósito de ser fiel al Padre celestial.”

Cuando vengan las dificultades, antes que desanimarnos o volver atrás, lo que debemos es prendernos de la mano del Señor Jesucristo en oración. Él es quien nos asegura la victoria. La oración es clave. No podemos dejar de perseverar.

5. Luche en el poder de Dios

Cuando vengan en su contra dificultades, no las enfrente en sus fuerzas sino en el poder de Dios.

Sólo así podemos asegurar la victoria. Obrar en nuestras capacidades, traerá derrota y desolación; en cambio, movernos en el poder de Dios nos permite caminar siempre de triunfo en triunfo.

Al enfrentar la arremetida de los filisteos, “Samuel tomó un corderito y lo ofreció entero en holocausto al Señor; luego rogó al Señor en favor de Israel, y el Señor le respondió. Cuando Samuel estaba ofreciendo el holocausto, los filisteos avanzaron para atacar a los israelitas; entonces el Señor lanzó un trueno enorme contra ellos y los asustó, y de este modo fueron vencidos por los israelitas.”(1 Samuel 7:9, 10, versión Dios habla hoy)

Observe que la derrota de los enemigos se produjo cuando dieron la batalla en la dimensión espiritual. Clamaron en oración, y Dios respondió trayendo a la dimensión física una descarga eléctrica que produjo el temor de los filisteos. El Padre celestial se sirvió de truenos para llevar a la derrota a un grupo de guerreros que tenían superioridad numérica y de armamentos sobre Israel.

El Dios en el que usted y yo hemos creído, es un Dios de milagros. Nada puede detenernos cuando avanzamos en Su poder y ejercemos el poder que Cristo nos ha dado.

No hay problema, por grande que parezca, que no podamos doblegar con las armas espirituales, en oración.

6. Acepte sobre su vida la protección divina

Cuando nos movemos en el camino de Dios, nada ni nadie podrá derrotarnos. La razón es sencilla: Él nos ofrece su protección. Está siempre con nosotros, y brinda su cuidado y protección por nuestra condición de hijos, redimidos gracias a la obra del Señor Jesús en la cruz.

Conscientes de que Dios era quien peleaba por ellos, a su favor, los israelitas se volvieron contra los filisteos, hasta derrotarlos: “Inmediatamente los israelitas salieron de Mispá persiguiendo a los filisteos, y los atacaron hasta más abajo de Bet-car. Después tomó Samuel una piedra y la colocó entre Mispá y Sen, y la llamó Eben-ézer, pues dijo: “Hasta ahora el Señor nos ha ayudado.”(1 Samuel 7:11, 12, versión Dios habla hoy)

Igual cuando experimentamos ataques de Satanás y sus colaboradores. No podemos ni volver atrás ni ceder terreno. Hay que librar la batalla hasta el final, seguros de la victoria en Jesucristo. Reconozca la protección de Dios, siempre y en todo momento, y muévase en el poder de Aquél que todo lo puede.

7. Derribar todo dominio del enemigo

A menos que usted levante una barrera de protección a su alrededor, producto de una íntima relación con Jesucristo, en Sus caminos y en oración, Satanás querrá volver a merodear. Pero ¡cuidado! Hay que mantenerlo a la raya.

Inmediatamente después se produjo la derrota de los filisteos, el pueblo sentó su disposición de seguir a la expectativa, para repeler nuevos ataques: “Los filisteos fueron derrotados y no volvieron a invadir el territorio israelita; y mientras Samuel vivió, el Señor estuvo contra los filisteos. Las ciudades que los filisteos habían tomado a los israelitas, desde Ecrón hasta Gat, volvieron a poder de Israel. De esta manera, los israelitas liberaron su territorio del dominio filisteo, y hubo paz entre los israelitas y los amorreos.”(1 Samuel 7:13, 14)
 
Es lo mismo que usted y yo debemos hacer con Satanás. Llevarlo a la derrota y levantar muros para evitar nuevas incursiones del mundo de las tinieblas. En ese proceso resulta clave depender de Dios, confiar en Él y orar.
 
¡Dios nos concede la victoria!

Desconozco cuál sea su problema, incluso el tipo de ataque que haya podido experimentar en el mundo de las tinieblas, pero puedo asegurarle que prendidos de la mano, nuestro capitán y poderoso Gigante, tenemos asegurada la victoria cualquiera que sea la situación.

Es menester que nos volvamos a Dios en consagración, en el convencimiento de que tenemos asegurada la victoria.
 
 Fernando Alexis Jiménez

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