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domingo, 10 de julio de 2011

No podemos recibir lo nuevo de Dios si no soltamos lo viejo

Jesús habló de odres viejos y de odres nuevos. Dijo que así como no va el vino nuevo en odres viejos, tampoco se pone un remiendo nuevo en un vestido viejo porque se romperá el vestido. Jesús dijo y Mateo lo registró en su Evangelio: “Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; porque tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura. Ni echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera los odres se rompen, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero echan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conservan juntamente”. San Mateo 9:17En vez de un vestido remendado por todos lados, Dios le quiere dar vestiduras nuevas. Y no es el gobierno el que se las va a dar, no son los subsidios, ni su trabajo; es Dios quien se las quiere proveer. Y cuando Él da no tiene nada que ver con lo que puede dar el gobierno, con lo que le pueda dar el trabajo, con lo que logramos con el esfuerzo de nuestras manos. Prepárese para los milagros que Dios quiere darle, porque este es el anhelo de Dios para todos.

El Señor quiere que saque la ruina de su vida. Hemos aprendido a reprender el espíritu de miseria, de pobreza y de escasez. Hay muchos que tienen adentro suyo solo ruina, estrechez, lo roído y desgastado e inspiran lástima...



¿Qué hacen los que tienen el espíritu de miseria, pobreza y escasez, cuando pasan por un hotel? Todo lo que no está amurado en el edificio se lo llevan. Y uno va a sus casas y ve el champusito, el jaboncito que dan en el hotel, porque hay en ellos un espíritu de pobreza y escasez. Con ese comportamiento están diciendo: No creo que Dios me pueda proveer para estas necesidades tan básicas, entonces voy a ayudarlo al Señor.

Posiblemente piensan: Si lo ponen ahí me lo puedo llevar, porque yo pagué por la habitación. ¿Pero en realidad qué están haciendo?, manifestando un espíritu de miseria, de pobreza, de escasez.

No estoy hablando de “tirar manteca al techo”, porque la Palabra de Dios indica que tenemos que ser fieles administradores. Y Jesús lo enseñó y lo demostró cuando multiplicó los panes y los peces. ¿Qué hizo el Señor al final de la cena? ¿Tiró lo que sobró? No. Yo no sé a quién se lo habrá donado; la Biblia no lo dice, pero puedo imaginar que aquel que sembró los panes y los peces pudo haberse llevado una tremenda cosecha a la casa, ese día: las doce cestas de la multiplicación. El chico dio toda la vianda que tenía, Jesucristo se la multiplicó, y vino la bendición aun hasta su casa. Me imagino a los discípulos, uno con cada cesta, llevándola a la casa de este nene que dio a Jesús sus panes y sus peces. Y con este ejemplo el Señor nos enseña a ser administradores de las bendiciones, de la multiplicación que quiere darnos, y que no podemos andar tirando ni derrochando. Pero no nos vayamos al otro extremo, donde hay muchas personas que tienen en el ropero, debajo de la cama o detrás del aparador, o en el placard, cosas amontonadas; aun si uno ve el aparador encuentra varios juegos de tazas para el té, pero ninguno completo. Ahí hay un espíritu de escasez; tendrían que regalar todo eso a los que no tienen, comprarse un juego nuevo, y ser testigos de la abundancia que les da Jesucristo.

Otros tienen ropa guardada que les da lástima deshacerse de ella. Ya no les entra desde hace años; y si ve las fotos de esa época, la ropa les entraba, ¿pero ahora? Y cuando se les pregunta para qué la guardan, contestan – algún día voy a adelgazar-. Y sí, pueden adelgazar; pero tampoco van a tirar la ropa de cuando estaban gordos, porque tienen una mentalidad de escasez. Y en vez de serles de bendición a otros, regalando esa ropa y todo lo que tienen guardado y sin usar desde hace mucho tiempo, prefieren amontonarlo años tras años, sin dar ni recibir lo nuevo de Dios.

Luego de que pasó la tragedia de la terrible inundación en Santa Fe, a algunos les quedó la mentalidad de –tengo que juntar para cuando no haya-. ¿Acaso no nos promete Dios darnos el pan cotidiano?, ¿ no nos dice el Señor -no te afanés por lo que comerás, por lo que beberás, o qué vestirás; mirá, ni los lirios del campo, que visten tan lindo como te podés vestir vos cuando yo te provea. Ni Salomón en toda su opulencia, en su gloria, lució como yo te puedo hacer lucir. ¿Por qué te preocupás?

Créale a Dios; no tema dar lo que para usted ya es viejo, lo que no usa, lo que es inadecuado a su edad o según la moda; no tema dar lo superfluo, lo repetido… piense cuántas cosas extras tiene, cuántas están de más en sus placares; para qué guardar en cajas o en el baúl de la abuela. Crea que Él le va a proveer y a suplir todas sus necesidades, conforme a Sus riquezas en gloria en Cristo Jesús, Señor nuestro.

El no guardar lo viejo, el compartir con otros lo que no estamos usando, es demostrarle al Señor que confiamos en Él. La expresión: “no os afanéis”, es lo que Jesús manifestó antes de “buscad primeramente el reino de Dios”; así, en este orden lo hallará en su Biblia en San Mateo 6:25-34. Todo es parte del paquete; si yo me estoy afanando, me estoy preocupando, es porque no estoy buscando primeramente el reino de Dios; y esa preocupación es como decir –no creo que Dios me pueda proveer.

Juntar y almacenar cosas que no vamos a usar, cuando podríamos ser de bendición a otros con toda la ropa, diversos elementos y muebles que tenemos en el ropero, en el armario y por toda la casa, no nos ayudará a tener más, ni a recibir nuevas bendiciones. Y sería bueno que nos hiciéramos el propósito de vaciar nuestros roperos y aparadores, por lo menos dos veces al año, y así hacer lugar para lo nuevo que el Señor quiere darnos. De esta manera sembramos, y nos preparamos para lo que Dios nos va a dar.

Isaías 61:1-3 dice “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ungió Dios; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Dios, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados, a ordenar que a los afligidos de Sión se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Dios, para gloria suya”. Y la palabra específica que el Señor puso en mi corazón, para todos, es: “Reedificarán las ruinas antiguas, levantarán lo que antes fue azolado, restaurarán las ciudades asoladas, los escombros de muchas generaciones”.


Si usted tuviese la oportunidad de ver la remodelación que hemos hecho en las Oficinas Centrales, observará que hemos puesto en práctica esto de sacar lo viejo, y Dios nos dio lo nuevo. Porque Su promesa, en Isaías 61:6 es: “Comerán las riquezas de las naciones, y con la gloria del Señor serán enaltecidos. En lugar de vuestra doble vergüenza (por lo que pasó) y vuestra deshonra, os alabarán en vuestras heredades, por lo cual, en sus tierras poseerán doble honra, y tendrán perpetuo gozo”.

Dios quiere bendecirnos grandemente; pero de nosotros depende alcanzar Su bendición, según sea nuestra actitud con lo que tenemos, si de guardar, de amontonar por años lo que a otros les hace falta, manifestando un espíritu limitado, de pobreza y de escasez, o si por el contrario, somos generosos y damos, confiando que el Señor suplirá lo que necesitamos y deseamos. La voluntad de Dios es dar; que nuestra voluntad sea igual a la del Señor: Demos para recibir. Como una familia en Santa Fe, que cuando le llevamos una donación, la madre le decía a su hija: Este es el Dios al que servimos. El que me trae la heladera nueva, la cocina nueva; el que se acuerda de nosotros en el momento de necesidad.

Algunos cuestionan cómo un Dios tan bueno puede permitir circunstancias difíciles, tienen tal ruina interior, miseria emocional, anímica y espiritual, que no pueden soñar, ver ni creer lo que Dios quiere darles.

Lo desafío a que se predisponga para recibir lo nuevo que Dios le tiene preparado, confiando decididamente en el Señor y dejando de lado cualquier actitud de pobreza, miseria y escasez. Comience a buscar en el ropero, en el armario, en el placard, eso que no está usando y que ocupa el lugar que le corresponde a las bendiciones, a lo nuevo que el Señor le quiere dar. Empiece a repartir, a desprenderse de todo eso viejo que por años amontonó y haga espacio, preparándose para recibir la bendición de Dios, cuya naturaleza es dar en abundancia.

Hoy tome la decisión de soltar lo viejo y esperar la provisión del Padre de las luces, porque de Él descenderá toda buena dádiva y todo don perfecto.


Omar Cabrera Jr.

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